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La violencia silenciosa

Escrito por Sandra Quiñones on . Posted in Atisbando en la Bahía

La pandemia vino a dejar al descubierto una violencia que no se ha tomado en cuenta, que no se reconoce, que las autoridades no saben cómo manejar cuando las mujeres acuden a solicitar se les tutelen sus derechos y les sea reparado el daño como víctimas de ella.


Por Sandra Quiñones *

La violencia económica fue en mucho tiempo la violencia silenciosa dentro del cuadro de violencias que sufrimos las mujeres y esta nueva realidad, la pandemia, se ha encargado de visibilizar su existencia

La pandemia vino a dejar al descubierto una violencia que no se ha tomado en cuenta, que no se reconoce, que las autoridades no saben cómo manejar cuando las mujeres acuden a solicitar se les tutelen sus derechos y les sea reparado el daño como víctimas de ella.

La violencia económica fue durante mucho tiempo la violencia silenciosa dentro del cuadro de violencias que sufrimos las mujeres y esta nueva realidad se ha encargado de visibilizar su existencia: cerca del 40% de los hogares en nuestro país están encabezados por mujeres y de esos, cerca del 80 % solo las mujeres aportan para la manutención de la casa y de los hijos: el patriarcado nos golpea sistemáticamente desde los bolsillos y ha robado la tranquilidad financiera a miles de mujeres en nuestro país.

Esta violencia no solo es silenciosa, es altamente peligrosa: deja completamente vulnerables a los menores y le termina de quitar a las mujeres toda oportunidad de crecimiento; esta violencia es una de las razones por las que las mujeres regresan con los agresores.

El reto que tienen todos los operadores del sistema de justicia frente a las mujeres que acuden a buscarla, es la de integrar de manera completa los expedientes y carpetas de investigación de forma tal, que les garantice a las mujeres y a sus hijos no solo el parar la violencia y sus consecuencias, sino la reparación integral del daño.

Mucho se habla de que una mujer empoderada es aquella que trabaja, sin embargo, aun no se reconoce que no basta con que trabaje, sino que, el fruto de ese trabajo sirva para el crecimiento económico, educativo y social de la mujer, situación que actualmente no se da; las mujeres trabajan porque tienen que pagar los gastos y no les queda posibilidad de pensar en estudiar o en especializarse o en comprar una casa, mientras el padre de los hijos realiza posgrados, viaja al extranjero, cambia de carro cada año, puede ir formando un patrimonio… a costa de los esfuerzos de la madre de sus hijos a la que impuso su obligación económica.

El estado debe de hacer un serio análisis de cómo se está abordando la protección de las mujeres y de sus hijos en el tema económico; los jueces aún no entienden el concepto de la violencia económica, sus repercusiones y dimensiones sociales y personales; las autoridades administrativas aun no establecen políticas públicas tendientes a la creación de programas y líneas de acción que les permita a las mujeres que padecen de esta violencia encontrar mecanismos que les permita el restablecimientos de sus derechos económicos.

Si, el patriarcado en tiempos de pandemia, ha estado desgastando los bolsillos, los bienes y la economía de las mujeres mexicanas, ante la indolencia e inoperancia de un estado patriarcal que sigue cubriendo, protegiendo y acrecentando el bolsillo de los agresores.

*Sandra Quiñones es abogada y colaboradora de CLADEM (Comité de Latinoamérica y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer) en Jalisco.  

Columna Invitada