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Los niños héroes y lo que debes saber de ellos...

Escrito por REDACCIÓN ZONA BAHÍA on . Posted in Placer y Ocio

La vida de Pancho Villa es tan controversial como admirada. Tenía 32 años cuando estalló la Revolución y fue contactado por Abraham González, quien buscaba gente para levantarse en armas y continuar con el levantamiento maderista. Villa admiraba la profesión de los maestros como ninguna otra, tal vez debido a que nunca recibió educación escolarizada y con trabajos podía leer.

 

 

En la cárcel —de la cual escapó vestido de doctor—, mejoró sus habilidades lectoras y aprendió de Historia de México. No sabía nada de algo llamado Marxismo, pero comprendía a la perfección las desigualdades sociales porque las vivió en carne propia. Nunca estuvo enlistado en el ejército, pero tenía un talento innato para la estrategia militar y las armas. Se hizo de dos aviones, una motocicleta Indian e incluso firmó un contrato con Hollywood para filmar sus batallas y producir películas. ¿Qué secretos guarda este enigmático hombre de nuestra historia?

 

Pancho Villa detestaba el alcohol y condenó a muerte a distintos oficiales borrachos, excepto a Rodolfo Fierro, a quien perdonó varias veces por su astucia militar a pesar de su problema con el alcohol. Cuando la División del Norte triunfaba en combate, lo primero que mandaba a hacer era prohibir los saqueos entre el mismo pueblo y tirar todo el alcohol concentrado en cantinas.

 

La Elite Confectionary era un sitio que comúnmente visitaba para relajarse cuando se encontraba en El Paso. Ahí le servían malteadas de fresa, o bien un Elite baseball: helado de vainilla cubierto con chocolate. Villa también tenía una debilidad por las palanquetas de cacahuate y los espárragos en lata. Otro extraño mito es que comía palomas y pichones que se postraban en su ventana y a los cuales capturaba para cocinarlos.

 

Después de su muerte se generó un mito fantástico sobre el "tesoro de Villa". Según la leyenda, Villa enterró en cajas de madera más de siete millones de pesos, que fueron codiciados en distintas épocas históricas. En 1953, un grupo de estadounidenses recorrió la Sierra Madre en busca de los preciados tesoros, mientras que en noviembre de 2003, la iglesia del pueblo de La Loma, Durango, fue cerrada por el cura, argumentando reparaciones generales. Meses más tarde, los pobladores descubrieron que el párroco reunió una comitiva que cavó metros de profundidad en esta construcción para buscar el supuesto tesoro.

 

Finalizada la batalla de Zacatecas, un exoficial federal de apellido Fuentes —en evidente estado alcohólico— mató a un compañero de la División del Norte. Villa, enfurecido, ordenó llevarlo al paredón de fusilamiento. Fuentes pidió su última voluntad mientras simulaba el llanto y ésta fue concedida, no sin antes asegurarse que sin importar las consecuencias, el general encargado de la ejecución la cumpliría a cabalidad. 

 

«El encargo que quiero hacerles es que se vayan todos a chingar a su madre, incluido Pancho Villa», dijo antes de morir. Más tarde, cuando le hicieron llegar el mensaje a Villa, lejos de molestarle le hizo gracia y afirmó que «a tipos tan valientes era un desperdicio fusilarlos».

 

Previo a la batalla de Ojinaga, circuló un rumor en los medios estadounidenses: Villa había firmado un contrato cinematográfico con la productora Mutual Film Corporation, que incluía el seguimiento por parte de la División del Norte y un informe previo de sus actividades militares para preparar el equipo de grabación, a cambio de la mitad de las ganancias para ayudar a la causa revolucionaria. Los rumores eran ciertos y el New York Times replicó en su portada al día siguiente:

 

«El salvaje de Pancho Villa ha firmado un contrato para compartir ganancias con las imágenes de las batallas reales». Para la batalla de Ojinaga, la productora desplegó a ocho camarógrafos alrededor de los cerros que Villa creyó adecuados para las mejores tomas. Otra grabación se realizó en Torreón, pero una parte se estropeó y otra desapareció.

 

La parte más difícil de una revolución no son las batallas, es lo que sigue después del triunfo. Para un hombre que ignoraba la política, las leyes y en su vida había leído algo de política o filosofía, no era misión fácil establecer un gobierno, aunque eso no quiera decir que en la práctica y a través de testimonios de sus actos, el controvertido "villismo" no haya tomado forma como una ideología de la Revolución Mexicana. Villa es nombrado gobernador de Chihuahua, que entonces contaba con 40 mil habitantes. La primera acción al mando del estado es la construcción de 50 escuelas. Villa sentía una profunda admiración hacia los maestros. Días antes, mandó llamar a algunos y les pidió que fueran a su oficina por la noche para entrevistarse con él. Cuando las escuelas ya estaban en funcionamiento, fue de visita y a estudiantes y maestros por igual les pidió estudiar mucho y ser "hombres de bien", finalizando con un regalo de 50 centavos a cada uno.

 

El 7 de junio de 1912, Pancho Villa llegó a la Ciudad de México detenido por cargos inexplicables que pasaban de robar una yegua a abusos de su ejército o la tentativa de saquear Parral. Al final, el juicio se llevó a cabo por los delitos de "insubordinación, desobediencia y robo" y fue enviado a la Penitenciaria de Lecumberri. Meses más tarde fue trasladado a la prisión de Santiago Tlatelolco, donde permaneció encerrado y escribió 19 cartas a Madero para pedir su absolución. Después de vivir sin techo durante muchos años, pasar sus días en una celda era la muerte para Villa. Su famosa fuga la hizo vestido de doctor la tarde del 26 de diciembre. La huida fue planeada con Carlos Jáuregui, quien días antes limó los barrotes de la ventana del juzgado por donde Villa saldría junto con su cómplice en un taxi hacia Toluca, para después de un largo viaje recalar de nuevo en Sonora.

 

Villa entró a la cárcel como un semianalfabeto. Con trabajos podía leer una oración y se le dificultaba en demasía escribir. Durante su estancia en Lecumberri conoció a Gildardo Magaña, un maderista temprano de 22 años que después se unió al ejército zapatista. Magaña fue un nexo indispensable entre Villa y Zapata, que se conocerían posteriormente en Xochimilco, un par de días antes de entrevistarse el 6 de Diciembre de 1914 en Palacio Nacional, evento en el que se produjo aquella famosa fotografía. También fue el hombre que le enseño a Villa a perfeccionar su lectura y escritura. 

 

En ese entonces, Magaña leía la Historia de México, de Niceto de Zamacois, libro que le prestó a Villa y que a su ritmo y con esfuerzos por comprender, terminó tomo por tomo, haciendo de la lectura y la Historia de México un pasatiempo durante su encierro en la Penitenciaría Nacional. Magaña afirmó que Villa pasaba «horas y horas encerrado en su cuarto, dedicado empeñosamente a la lectura de la cual quedó cautivado».

 

Mujeriego, roba vacas, asesino, ignorante: más allá de los lugares comunes, Villa encabezó junto a Emiliano Zapata un verdadero movimiento popular. Ambos perseguían un ideal genuino, una transformación social que mejorara sustancialmente la distribución del ingreso y la riqueza, además de ponerle fin a la explotación. A pesar de que Villa fue durante toda su vida un hombre fuera de las leyes, era un hombre justo. Se sabía ignorante y así lo expresaba, hecho que contrarrestaba con chispazos de genialidad que fueron recopilados por aquellos que lo conocieron y esa experiencia los inspiró a escribir, tales como Martín Luis Guzmán y el mismo John Reed.

 

La historia de Pancho Villa no es la de un caudillo, un jefe militar o un ladrón. Tampoco es la de un Robin Hood, que robaba a los ricos para dar a los pobres, ni la de un loco que un día invadió Estados Unidos y fue buscado sin éxito, pero finalmente pereció en una emboscada de 150 tiros el 20 de julio de 1923. La historia de Villa es la de un hombre tan pobre como cualquier otro, que comprendió las causas urgentes de su tiempo y actuó en consecuencia, buscando transformar su entorno según lo que imaginó que debía ser la justicia 

social.

 

(Fuente: Taibo II, Paco Ignacio, Pancho Villa, una biografía narrativa, Ed. Planeta, México, 2006. Cultura Colectiva 2019)

Columna Invitada