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Somos seres dotados de poder

Escrito por Ramón Chávez Lara on . Posted in Motivos

El poder humano, es la capacidad de gobernarse a sí mismo y crecer en todas las dimensiones de nuestra vida, sacando el mejor partido de la misma y, en la medida de lo posible, poner los medios para que otros más alcancen plenitud

 

 

 

 

 

En el interior de cada persona está todo el poder humano, que necesita para triunfar y tener éxito. Al hablar de poder, nos referimos a esa fuerza interna que se nos ha dado, para lograr la alegría y la realización personal, alcanzando las metas que nos hemos trazado. En una relación profunda, agradable y fructífera, con aquellas personas con quienes día a día compartimos la vida.

 

Hablar de poder, para algunos es pretensión desmedida, para otros es atropellar la dignidad de los demás y sentirse por encima de ellos.

 

Tener poder es establecer uno mismo una visión o enfoque exitoso o positivo. Tener poder es programar la vida, por encima de las circunstancias y momentos históricos. El poder es aquél, que los humanos tenemos para mejorar nuestra vida, alcanzando los estados de paz interior, alegría, unidad y creatividad, que podemos alcanzar, tan sólo con querer y ponernos en acción.

 

El poder humano, es la capacidad de gobernarse a sí mismo y crecer en todas las dimensiones de nuestra vida, sacando el mejor partido de la misma y, en la medida de lo posible, poner los medios para que otros más alcancen plenitud.

 

A través de nuestra historia personal, se van acumulando experiencias que nos van moldeando el pensamiento,  con ello se va generando en nosotros la forma en que interpretamos todo lo que nos va sucediendo, tanto a nosotros, como aquello que sucede a nuestro alrededor. 

 

Hablar de que tenemos poder, es saber que tenemos las herramientas suficientes para desprogramarnos de todas aquellas claves que se han adherido a nuestra vida y, que nos hacen interpretar de manera negativa y poco exitosa todo lo que nos rodea.

 

Muchas veces nos preguntamos por qué algunas personas que la vida había colocado en situaciones particularmente lamentables, ya sean, económica, moral o psicológicamente; al paso de los años, les vemos llenos de éxito. Es ahí donde podemos descubrir personas que han sabido utilizar todo su poder.

 

¿Qué han hecho esas personas, para lograr salir de esa ruta a la que estaban programados? Simplemente cambiaron de mentalidad; lo que les llevó al éxito, utilizando todos los recursos con los cuales contaban; y en algunos casos eran muy pocos.

                 

Es necesario aprender que detrás de cada fracaso están las puertas del éxito, detrás de cada puerta del dolor, de la derrota, están las puertas de la alegría y el éxtasis. Hay que aprender a valorar el sufrimiento como parte de un proceso de maduración; y saber que jamás se logra nada valioso y grande en la vida, sino con lucha, trabajo, disciplina y siempre, muchos fracasos, que en realidad son enseñanzas.

 

Cuando usted usa todo el poder que lleva dentro, sabe adecuar absolutamente todo lo que le sucede para su bien, y cuando no aprovecha su poder personal, hasta los mismos éxitos  nos hacen daño.

 

Con el poder personal, puede representarse el mundo de tal manera que, esa visión le lleve a desarrollar todas sus capacidades. Si tiene una visión positiva de la vida, del mundo, de la sociedad; de acuerdo a esa visión va a vivir y, de acuerdo a ella, se va a comportar. Si cree que todos los demás son unos perezosos, agresivos, sensuales, etcétera, así los va a tratar y más aún así le tratarán a usted. El poder personal, le ayuda para tener una visión objetiva y creativa de los demás.

 

Somos nosotros quienes le damos contenido y forma a todo lo que nos rodea, pues  lo que vemos está íntimamente relacionado con lo que somos. Vemos a los demás de acuerdo a lo que nosotros somos.

 

Es muy ilustrativa la historia de aquél hombre que iba de pueblo en pueblo buscando donde vivir, porque ya no soportó más a sus coterráneos. Hasta que llegó a un pueblo donde, al bajar del autobús, se le acerca a un anciano que estaba lustrando los zapatos de un cliente; y le pregunta:

 

-          ¿Amigo, por favor dígame cómo es la gente de este pueblo? Como verá, estoy buscando un pueblo para vivir, pero antes quiero saber, cómo son aquí.

 

Pausadamente le contesta el buen hombre:

 

-          ¿Cómo son las personas en el pueblo de dónde vienes?

 

-          Salí de ahí porque todos son ladrones, perezosos, tramposos, ineptos, etc.

 

El noble anciano con calma le dice:

-          Mi buen amigo, le sugiero que siga su camino, puesto que toda la gente de este pueblo, en realidad somos iguales, a la gente que usted ha mencionado, o tal vez, peor.

 

Alarmado el hombre, se da la vuelta y parte.

 

Casualmente, apenas se retiraba, cuando llega un joven, con la misma inquietud:

 

-          Disculpe, buen hombre; ¿Cómo es la gente de este pueblo? Tengo ganas de conocer nuevas formas de vivir, y nueva gente, me gusta la aventura y aquí estoy, queriendo pasar unos años en algún pueblo.

 

-          El anciano, pausadamente le pregunta: ¿Dígame por favor, cómo es la gente del pueblo de donde usted viene?

Alegremente el joven, lleno de orgullo por su tierra, le dice: 

 

- Mi gente son personas amables, alegres, trabajadoras. Vengo de un pueblo de respeto y muchas cosas buenas.

 

Con la tranquilidad que le caracterizaba, el noble anciano contesta:

 

-          Sé bienvenido, porque la gente de este pueblo, tiene todas esas cualidades, que haz mencionado, por lo cual estoy seguro, tu estancia será placentera.

 

Consternado, el hombre a quien le lustraban los zapatos, pregunta:

-          ¿Pero cómo ha podido usted, dar una respuesta tan diferente, para una misma pregunta?

 

-          En verdad, cada persona lleva dentro de sí, lo que busca y eso mismo encuentra. Sea en la empresa, en la escuela, en la calle, en nuestras amistades o discusiones. En realidad los hombres se comportan ante los demás, de acuerdo, a la visión que tienen de la vida y de ellos mismos. Y eso que llevamos dentro, es lo que damos a los demás.

 

 

 

 

Ramón Chávez Lara

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Sonata Claro de Luna

Escrito por Ramón Chávez Lara on . Posted in Motivos

Las grandes obras, lo que trasciende, lo que queda, siempre tendrá su origen en el deseo genuino de ayudar, de hacer algo por el otro. Lo que no surge en ese marco, nunca va más allá…

 

 

 

 

 

Hay dentro del corazón, valles y espacios que solo pueden ser llenados con el quehacer altruísta. Una parte de nosotros está construída de puentes de fraternidad y solidaridad, que nada puede suplir.

 

Hace años me contaron una historia, que ahora te comparto:

 

Una noche de invierno pasaba Beethoven a la luz de la luna por una estrecha calle de Bonn en compañía de uno de sus futuros biógrafos; de pronto se detuvieron ante una casa muy humilde de donde salían las notas de un piano.

 

- Calla, dijo Beethoven, es la Sonata en Fa y ¡qué bien toca!.  Enmudeció el piano y escucharon una voz sollozante que decía:

 

- No puedo seguir. ¡Es tan hermoso! ¡Qué lástima! ¡No podré ir al concierto de Colonia!

 

A esto respondió otra voz: ¡Ah hermana mía! ¿Por qué te afliges de lo que no tiene remedio?, si apenas podemos pagar la renta.

 

Y repuso el otro: - Tienes razón. Y sin embargo, quisiera al menos una vez en la vida oír música de veras, pues no siempre hay ocasiones de oírla.

Beethoven comentó a su acompañante: - Entremos –

 

¿Y qué haremos dentro? – contestó su interlocutor.

 

Tocaré el piano – respondió el músico.

 

Empujó Beethoven la puerta y se encontraron frente a un joven sentado en una banqueta de zapatero, pues era su oficio. Su hermana estaba triste, reclinada sobre el piano.

 

-          Perdóname, dijo Beethoven; oí música y me vi en la tentación de entrar. Soy músico y me ha parecido entender algo de lo que decían. ¿Me permites tocar el piano?

 

-          ¡Gracias!, respondió el zapatero. Pero nuestro piano es muy viejo y no tenemos papel de música.

-          ¿No tienen papeles con notas? Entonces, ¿Cómo toca la señorita?...

 

-          ¡Ah! Pero perdóname.

 

Repuso Beethoven al percatarse que la joven era ciega. No me había dado cuenta hasta ahora. ¿Así que toca usted de oído? ¿Cómo pudo aprender?

 

-          Durante dos años viviendo en Bruhl, tuve ocasión de oír a una señorita vecina, en verano, estando abiertas las ventanas; yo salía para oírla.

 

Beethoven se sentó al piano y es seguro que jamás tocó alguien con tanta maestría como en dicha ocasión, en presencia del zapatero y de su hermana.

 

El viejo piano parecía estar inspirado. Los dos hermanos escuchaban atónitos ante el torrente de armonía, de rítmicas cadencias; una ráfaga apagó la vela que alumbraba tenuemente el aposento.

 

El zapatero abrió la ventana; el reflejo de la luna invadió la habitación, bañando en luz la figura del maestro quien, absorto en sus quimeras, dejó el teclado.

 

-          ¡Maravilloso pianista! – Exclamó el zapatero. - ¿Y quién sois? – Escuchad, respondió el compositor interpretando los primeros compases de la Sonata en Fa.

 

-          ¡Entonces, eres Beethoven! –gritaron gozosos los hermanos. - ¡Oh! ¡sigue tocando! Y el maestro, fijando la mirada por la ventana en el cielo, improvisó una sonata a la luz de la luna, en medio de melancólicas notas de infinita dulzura, suaves como el reflejo lunar sobre la tierra. Después, siguió el segundo pasaje en tres tiempos semejante a una danza de hadas en la aterciopelada hierba del prado; luego el final descriptivo del impelente color, dejando al breve auditorio suspenso en pasmosa admiración.

 

Beethoven se dirigió hacia la puerta.

 

-          ¿Vendrás otra vez? –preguntaron los hermanos suplicantes -. Sí, volveré a dar lecciones a la señorita. Adiós.

 

Al salir comentó: -Vámonos deprisa a casa para pasar al papel esta sonata antes de que se me olvide.

 

Aún no había amanecido, cuando se levantó el maestro de su mesa de trabajo había terminado de escribir para el mundo la “sonata Claro de Luna”.

 

Las grandes obras, lo que trasciende, lo que queda, siempre tendrá su origen en el deseo genuino de ayudar, de hacer algo por el otro. Lo que no surge en ese marco, nunca va más allá…

 

 

Ramón Chávez Lara

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Un rey que busca burras

Escrito por Ramón Chávez Lara on . Posted in Motivos

Un hombre sale en la búsqueda de sus metas, y después de que no encuentra lo que busca, fastidiado y vencido quiere regresar a casa, quiere volver para atrás. Es una condición humana el cansancio, la frustración, el dolor de no ver las metas cumplidas. Igual que aquel joven por el fastidio del sol, el calor, el polvo, el caminar; le hacen pensar, que lo mejor es regresar a la comodidad del hogar

 

 

 

 

Hace un tiempo leí una historia que realmente me asombró; sobre un joven que vivía en un pueblo a las orillas del Mediterráneo, y llegó a ser el primer rey de su nación. 

 

La historia comienza así:

 

El padre de Saúl, envía a su joven hijo a buscar una manada de burras que se le habían extraviado. Auxiliado por el empleado de la casa, se va el joven a recorrer las regiones aledañas a su tierra para buscar las burras. 

 

Después de varios días de recorrer poblados, montes y valles, no encuentra nada. Saúl está fastidiado y le dice el empleado que regresen a casa. El empleado lo motiva para que sigan buscando, pues sabe de antemano que el dueño de la casa los regresará a seguir buscando.

 

Así pues, aun con ese cansancio y fastidio por el sol, el polvo, la cabalgata interminable; aún así continúan su búsqueda.

 

Están en plena búsqueda cuando se encuentran con un hombre iluminado, que le habla a Saúl por su nombre aún sin conocerse. Lleno de asombro Saúl detiene su paso. De frente, el hombre iluminado le dice, que viene de parte de Dios, para recordarle su verdadera misión en este mundo. Le pide que deje de buscar sus burras y regrese a casa porque ha sido designado por Dios, rey de Israel, su nación.

 

Asustado el joven, por semejante anuncio. Quiere reanudar su búsqueda, indicando que él no sabe nada de política, ni reinos, ni gobierno, ni liderazgos, que él solo quiere encontrar sus burras y regresar a casa.

 

El hombre iluminado, le dice que ha recibido un mensaje de Dios y que lo tiene que ungir como rey. Sin entender mucho de qué se trata aquello, el joven acepta la orden, y recibiendo la unción, se levanta, preguntando por sus burras.

 

A lo cual, el hombre de Dios, le contesta que sus burras ya están en la casa de su padre; que regrese a casa y se prepare para asumir el compromiso que tiene con su nación.

 

Siempre me ha impresionado esta historia por la gran enseñanza que tiene para nuestra vida diaria. Un hombre sale en la búsqueda de sus metas, y después de que no encuentra lo que busca, fastidiado y vencido quiere regresar a casa, quiere volver para atrás. Es una condición humana el cansancio, la frustración, el dolor de no ver las metas cumplidas. Igual que aquel joven por el fastidio del sol, el calor, el polvo, el caminar; le hacen pensar, que lo mejor es regresar a la comodidad del hogar.

 

Mucha gente hace planes, se integra en organizaciones, en esa búsqueda por crecer, por encontrar lo que necesita para vivir con dignidad y cumplir su propósito; pero muchas, una gran cantidad de personas, regresan inmediatamente a su comodidad, al sentir el calor, el sol, el polvo, el cansancio. Regresan muchas veces maldiciendo sus “burras” que se han perdido.

 

Me asombra encontrar cantidad de personas que empiezan negocios, se integran a grupos religiosos, redes de mercadeo, cursos académicos, proyectos matrimoniales y a la primera de dificultades, corren hacia atrás asustados, tienen mucho miedo a encarar esa búsqueda.

 

Los grandes resultados siempre están al dar la vuelta a la esquina del cansancio, del esfuerzo, de la lucha, del polvo, más allá de lo ordinario.

 

Es una gran enseñanza que el joven encuentre su verdadera misión cuando está trabajando, cuando está en camino, cuando está en la búsqueda. Ciertamente es una búsqueda intrascendente y posiblemente poco significante lo que está llevando a cabo (unas burras) comparado con lo que encuentra (ser rey de Israel) pero es grandioso observar, que está buscando, que se está moviendo, que no está estático. 

 

Cuantas personas están entumidas en su vida emocional, laboral, religiosa, y ahí quieren que les llegue la gran oportunidad que necesitan.Otros se pasan una vida buscando burras y no escuchan, tal vez por miedo, su voz interior que les grita que vayan por sus sueños e ideales, pero tienen miedo, prefieren quedarse en el calorcito de la comodidad donde se encuentran, aunque no sean felices.

 

Siempre me gusta pensar en ese joven Saúl, que nos dice que debemos estar en movimiento, en la búsqueda, y que aún con temor y cierto desconocimiento, demos el paso.

 

Ahora entiendo un poco, lo que decía el gran Pablo Picasso “la inspiración llega solo cuando trabajo”.

 

Vamos por nuestra verdadera misión y dejemos esas burras en paz, que ya volverán a casa.

 

 Ramón Chávez Lara

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Estoy aprendiendo…

Escrito por Ramón Chavez Lara on . Posted in Motivos

He aprendido a vivir ligero de cargas, rencores, odios, mal entendidos, celos, recuerdos hirientes. He aprendido a cerrar capítulos lo más rápido posible, pero sin alterar los tiempos (…) He aprendido que el hombre sufre más por sus pensamientos que por la realidad

 

En mi breve camino por este mundo he aprendido que con miedo no se llega a nada, que siguiendo las reglas siempre, siempre te quedas donde mismo.

He aprendido que salir de mi área de confort ciertamente intimida y genera estrés, pero es simplemente fantástico cuando cruzas el puente. Y si acaso, el puente cae, aprendí a bañarme en el agua.

He aprendido que la gente siempre hablará por lo que hagas o dejes de hacer. He aprendido que siempre habrá gente dispuesta a creer en uno, y siempre habrá gente a la que le enfada tu éxito.

He aprendido que estar en paz con uno mismo, con Dios, con la naturaleza y, relacionarse sensata y prudentemente con las cosas materiales, te coloca en un estado emocional óptimo, que te hace emprender con gozo lo que sea.

He aprendido que hasta una roca puede ser atravesada por una pequeña gota de agua, cuando ésta es perseverante y sistemática.

He aprendido a vivir ligero de cargas, rencores, odios, mal entendidos, celos, recuerdos hirientes. He aprendido a cerrar capítulos lo más rápido posible, pero sin alterar los tiempos.

He aprendido que no puedo luchar contra el tiempo pues todo en la vida tiene su cauce. He aprendo que no podemos retener a las personas más tiempo en nuestra vida, de lo que la vida tenía dispuesto.

He aprendido que vale más la carcajada de un niño frente a ti, que el halago efímero y falso. He aprendido que las personas luchan con sus propios recursos mentales y emocionales, no tengo por qué esperar más de nadie, porque siempre cada quien da lo que tiene y lo que es.

He aprendido que nadie en la vida puede hacerse cargo por mucho tiempo, de nadie más que de sí mismo.

He aprendido que el hombre sufre más por sus pensamientos que por la realidad.

He aprendido que mi padre don Ramón Chávez, tenía razón: la talla de un hombre se ve, en su capacidad de ser agradecido. Por eso aprendí que lo poco, mucho, pequeño o grande que soy, lo es, por otros que llegaron, me enseñaron y se fueron.

He aprendido que todo lo que somos es bendición.

He aprendido que en medio de la incertidumbre, la mentira, el engaño y el dolo que a veces, se percibe en cantidad de personajes, instituciones y la vida social, siempre, pero siempre brilla más el amor, la luz, la esperanza, la abundancia, la alegría, la risa, la confianza.

He aprendido que siempre debo estar abierto a seguir aprendiendo hasta que el ataúd se cierre, seré aprendiz y entonces, hasta ese día seré enseñanza.

Creo que sigo aprendiendo a ser feliz.

 

Ramón Chávez Lara

CONFERENCISTA

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Twitter: @RamonChavezL

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Comerse el mundo y perderse en el camino … o volver a casa y estar con uno mismo

Escrito por Ramón Chávez on . Posted in Motivos

 

Hay demasiada gente que ha salido a comerse el mundo y, se perdió en el camino y ahora quiere volver a sí mismo, y estar en paz, en el calor del hogar, en el calor del corazón. Esa vorágine o carrera desmedida al final lleva al estancamiento, o algunos llaman cansancio crónico, en otros se ve como hastío existencial 

 Hay mucha gente en este tiempo, que se siente estancada. Quieren modificar su vida, pero no saben qué hacer, por dónde ir. Hacia dónde avanzar. En muchos de los casos, fue el descubrimiento de las grandes capacidades y en ese afán de abarcar todo, nos agotamos, nos cansamos, nos dispersamos, nos perdimos en el camino.

 

Con frecuencia escuchamos en el campo de la motivación, frases como “todo lo puedes lograr”, “lo que te propongas lo puedes alcanzar”… ciertamente estas filosofías contienen grandes dosis de verdad, pero también encierran grandes peligros. Es muy diferente decir que “puedes lograr todo” a “puedes hacer todo (al mismo tiempo)”. Creo que el gran riesgo que generan esas filosofía es crear gente muy dispersa, muy superficial, incapaces de profundizar en un solo territorio.

 

Solo un adolescente, que al observar el abanico de su vida, cree que es capaz de abarcar todo el universo en sus brazos extendidos. El proceso de madurez nos lleva a ir ubicándonos en la realidad, dónde hay que elegir, dónde hay que decidir, dónde hay que tomar decisiones, dónde hay que tomar una brecha, un camino, una ruta y andar sobre ella.

 

A veces me producen cierta compasión esos niños que algunas madres someten a cantidad de actividades por las tardes: natación, idioma extra, música, karate, ballet, deporte, etc. No sé, si en el fondo es la proyección de cantidad de deseos frustrados en las madres; pero sí observo que en la mayoría de las veces tenemos niños súper talentosos, pero con más desarrollo de su talento que infancia.

 

Esa vorágine o carrera desmedida al final lleva al estancamiento, o algunos llaman cansancio crónico, en otros se ve como hastío existencial.

 

Hay demasiada gente que ha salido a comerse el mundo y, se perdió en el camino y ahora quiere volver a sí mismo, y estar en paz, en el calor del hogar, en el calor del corazón.

 

Por ello considero que el primer paso para destrabar la vida, es volver al hogar interior. Volver con nosotros mismos. Ahí abrazar a ese niño agotado y decirle que todo está bien, que no hay competencia, que si no triunfa, aún así es profundamente amado por Dios.

 

Escuchar la música del alma, mientras el niño interior descansa y juguetea con las fuentes de la vida, del amor, de la libertad, de la paz, del gozo que llevamos dentro.

 

Volver a casa (interior) es estar conectado con las pequeñas cosas de nuestra vida.

 

Conectarnos con nuestra realidad inmediata. Casualmente eso nos permite observar de manera más precisa la realidad panorámica de nuestra vida.

 

Estar presente ahí donde la obra de nuestra vida se está presentando. Estar presente ahí mientras la señora de la tienda de la esquina nos pregunta cómo estamos, estar presente ahí en el saludo del compañero de trabajo, en el joven que nos lava el carro, el profesor que da clases a tus hijos, estar presente ahí en el agua que sale de la regadera y cubre nuestro cuerpo, estar presente cuando le ponemos la sal a la comida.

 

Estar presente ahí cuando elegimos el pantalón, estar presente es ser consciente de la comodidad y bendición que es ir a la cama y meterte en las sábanas, después de un agotador día.

 

Estar en tu casa interior, es estar presente en esa llamada por teléfono, soltar el control, dejar el teclado y contestar el teléfono realmente; es dar el beso cerrando los ojos y entregarse a él.

 

Estar presente, es poner el celular en vibrador o silencio, mientras estás en esa cita de amigos y de trabajo. Al final quien está frente a ti, por ahora es más importante, pues te comparte su tiempo.

 

Las grandes cosas que hacemos en la vida, también tienen un lugar geográfico: el lugar donde decidimos vivir, el tipo de trabajo que hacemos, el uso de nuestro tiempo libre. Cuando vivo consciente de todo ello, entonces empiezo a vivir mi vida.

 

Estar en casa, es entrar periódicamente a tu interior, y descubrir que ahí puedes ser tu, sin necesidad de satisfacer expectativas ni deseos de nadie.

 

Un día de halloween, un grupo de niños daban vueltas a la cuadra de la casa, pidiendo dulces y haciendo lo propio, hasta que uno de ellos, pequeño como de unos 4 o 5 años, después de una hora de correr y competir para ver quién conseguía más dulces y asustaba más personas; enfadado se quita la máscara y dice, ya me quiero ir a casa.

 

Esa escena me encantó tanto, porque se me vino a la mente, cuánta gente se pasa la vida, con la máscara de sus roles puesta; tratando de conseguir favores de los demás. Tratando de quedar bien o competir para ser aceptado y reconocido. De verdad cuánta necesidad de reconocimiento tenemos que, permitimos que esa necedad haga añicos nuestra paz y nuestra verdadera realización personal.

 

Es grandioso volver a casa y estar ahí contigo mismo.

 

 

Ramon Chávez Lara

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Twitter: @RamonChavezL