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Un rey que busca burras

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Un hombre sale en la búsqueda de sus metas, y después de que no encuentra lo que busca, fastidiado y vencido quiere regresar a casa, quiere volver para atrás. Es una condición humana el cansancio, la frustración, el dolor de no ver las metas cumplidas. Igual que aquel joven por el fastidio del sol, el calor, el polvo, el caminar; le hacen pensar, que lo mejor es regresar a la comodidad del hogar

 

 

 

 

Hace un tiempo leí una historia que realmente me asombró; sobre un joven que vivía en un pueblo a las orillas del Mediterráneo, y llegó a ser el primer rey de su nación. 

 

La historia comienza así:

 

El padre de Saúl, envía a su joven hijo a buscar una manada de burras que se le habían extraviado. Auxiliado por el empleado de la casa, se va el joven a recorrer las regiones aledañas a su tierra para buscar las burras. 

 

Después de varios días de recorrer poblados, montes y valles, no encuentra nada. Saúl está fastidiado y le dice el empleado que regresen a casa. El empleado lo motiva para que sigan buscando, pues sabe de antemano que el dueño de la casa los regresará a seguir buscando.

 

Así pues, aun con ese cansancio y fastidio por el sol, el polvo, la cabalgata interminable; aún así continúan su búsqueda.

 

Están en plena búsqueda cuando se encuentran con un hombre iluminado, que le habla a Saúl por su nombre aún sin conocerse. Lleno de asombro Saúl detiene su paso. De frente, el hombre iluminado le dice, que viene de parte de Dios, para recordarle su verdadera misión en este mundo. Le pide que deje de buscar sus burras y regrese a casa porque ha sido designado por Dios, rey de Israel, su nación.

 

Asustado el joven, por semejante anuncio. Quiere reanudar su búsqueda, indicando que él no sabe nada de política, ni reinos, ni gobierno, ni liderazgos, que él solo quiere encontrar sus burras y regresar a casa.

 

El hombre iluminado, le dice que ha recibido un mensaje de Dios y que lo tiene que ungir como rey. Sin entender mucho de qué se trata aquello, el joven acepta la orden, y recibiendo la unción, se levanta, preguntando por sus burras.

 

A lo cual, el hombre de Dios, le contesta que sus burras ya están en la casa de su padre; que regrese a casa y se prepare para asumir el compromiso que tiene con su nación.

 

Siempre me ha impresionado esta historia por la gran enseñanza que tiene para nuestra vida diaria. Un hombre sale en la búsqueda de sus metas, y después de que no encuentra lo que busca, fastidiado y vencido quiere regresar a casa, quiere volver para atrás. Es una condición humana el cansancio, la frustración, el dolor de no ver las metas cumplidas. Igual que aquel joven por el fastidio del sol, el calor, el polvo, el caminar; le hacen pensar, que lo mejor es regresar a la comodidad del hogar.

 

Mucha gente hace planes, se integra en organizaciones, en esa búsqueda por crecer, por encontrar lo que necesita para vivir con dignidad y cumplir su propósito; pero muchas, una gran cantidad de personas, regresan inmediatamente a su comodidad, al sentir el calor, el sol, el polvo, el cansancio. Regresan muchas veces maldiciendo sus “burras” que se han perdido.

 

Me asombra encontrar cantidad de personas que empiezan negocios, se integran a grupos religiosos, redes de mercadeo, cursos académicos, proyectos matrimoniales y a la primera de dificultades, corren hacia atrás asustados, tienen mucho miedo a encarar esa búsqueda.

 

Los grandes resultados siempre están al dar la vuelta a la esquina del cansancio, del esfuerzo, de la lucha, del polvo, más allá de lo ordinario.

 

Es una gran enseñanza que el joven encuentre su verdadera misión cuando está trabajando, cuando está en camino, cuando está en la búsqueda. Ciertamente es una búsqueda intrascendente y posiblemente poco significante lo que está llevando a cabo (unas burras) comparado con lo que encuentra (ser rey de Israel) pero es grandioso observar, que está buscando, que se está moviendo, que no está estático. 

 

Cuantas personas están entumidas en su vida emocional, laboral, religiosa, y ahí quieren que les llegue la gran oportunidad que necesitan.Otros se pasan una vida buscando burras y no escuchan, tal vez por miedo, su voz interior que les grita que vayan por sus sueños e ideales, pero tienen miedo, prefieren quedarse en el calorcito de la comodidad donde se encuentran, aunque no sean felices.

 

Siempre me gusta pensar en ese joven Saúl, que nos dice que debemos estar en movimiento, en la búsqueda, y que aún con temor y cierto desconocimiento, demos el paso.

 

Ahora entiendo un poco, lo que decía el gran Pablo Picasso “la inspiración llega solo cuando trabajo”.

 

Vamos por nuestra verdadera misión y dejemos esas burras en paz, que ya volverán a casa.

 

 Ramón Chávez Lara

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www.ramonchavez.com.mx