Comerse el mundo y perderse en el camino … o volver a casa y estar con uno mismo
Hay demasiada gente que ha salido a comerse el mundo y, se perdió en el camino y ahora quiere volver a sí mismo, y estar en paz, en el calor del hogar, en el calor del corazón. Esa vorágine o carrera desmedida al final lleva al estancamiento, o algunos llaman cansancio crónico, en otros se ve como hastío existencial

Hay mucha gente en este tiempo, que se siente estancada. Quieren modificar su vida, pero no saben qué hacer, por dónde ir. Hacia dónde avanzar. En muchos de los casos, fue el descubrimiento de las grandes capacidades y en ese afán de abarcar todo, nos agotamos, nos cansamos, nos dispersamos, nos perdimos en el camino.
Con frecuencia escuchamos en el campo de la motivación, frases como “todo lo puedes lograr”, “lo que te propongas lo puedes alcanzar”… ciertamente estas filosofías contienen grandes dosis de verdad, pero también encierran grandes peligros. Es muy diferente decir que “puedes lograr todo” a “puedes hacer todo (al mismo tiempo)”. Creo que el gran riesgo que generan esas filosofía es crear gente muy dispersa, muy superficial, incapaces de profundizar en un solo territorio.
Solo un adolescente, que al observar el abanico de su vida, cree que es capaz de abarcar todo el universo en sus brazos extendidos. El proceso de madurez nos lleva a ir ubicándonos en la realidad, dónde hay que elegir, dónde hay que decidir, dónde hay que tomar decisiones, dónde hay que tomar una brecha, un camino, una ruta y andar sobre ella.
A veces me producen cierta compasión esos niños que algunas madres someten a cantidad de actividades por las tardes: natación, idioma extra, música, karate, ballet, deporte, etc. No sé, si en el fondo es la proyección de cantidad de deseos frustrados en las madres; pero sí observo que en la mayoría de las veces tenemos niños súper talentosos, pero con más desarrollo de su talento que infancia.
Esa vorágine o carrera desmedida al final lleva al estancamiento, o algunos llaman cansancio crónico, en otros se ve como hastío existencial.
Hay demasiada gente que ha salido a comerse el mundo y, se perdió en el camino y ahora quiere volver a sí mismo, y estar en paz, en el calor del hogar, en el calor del corazón.
Por ello considero que el primer paso para destrabar la vida, es volver al hogar interior. Volver con nosotros mismos. Ahí abrazar a ese niño agotado y decirle que todo está bien, que no hay competencia, que si no triunfa, aún así es profundamente amado por Dios.
Escuchar la música del alma, mientras el niño interior descansa y juguetea con las fuentes de la vida, del amor, de la libertad, de la paz, del gozo que llevamos dentro.
Volver a casa (interior) es estar conectado con las pequeñas cosas de nuestra vida.
Conectarnos con nuestra realidad inmediata. Casualmente eso nos permite observar de manera más precisa la realidad panorámica de nuestra vida.
Estar presente ahí donde la obra de nuestra vida se está presentando. Estar presente ahí mientras la señora de la tienda de la esquina nos pregunta cómo estamos, estar presente ahí en el saludo del compañero de trabajo, en el joven que nos lava el carro, el profesor que da clases a tus hijos, estar presente ahí en el agua que sale de la regadera y cubre nuestro cuerpo, estar presente cuando le ponemos la sal a la comida.
Estar presente ahí cuando elegimos el pantalón, estar presente es ser consciente de la comodidad y bendición que es ir a la cama y meterte en las sábanas, después de un agotador día.
Estar en tu casa interior, es estar presente en esa llamada por teléfono, soltar el control, dejar el teclado y contestar el teléfono realmente; es dar el beso cerrando los ojos y entregarse a él.
Estar presente, es poner el celular en vibrador o silencio, mientras estás en esa cita de amigos y de trabajo. Al final quien está frente a ti, por ahora es más importante, pues te comparte su tiempo.
Las grandes cosas que hacemos en la vida, también tienen un lugar geográfico: el lugar donde decidimos vivir, el tipo de trabajo que hacemos, el uso de nuestro tiempo libre. Cuando vivo consciente de todo ello, entonces empiezo a vivir mi vida.
Estar en casa, es entrar periódicamente a tu interior, y descubrir que ahí puedes ser tu, sin necesidad de satisfacer expectativas ni deseos de nadie.
Un día de halloween, un grupo de niños daban vueltas a la cuadra de la casa, pidiendo dulces y haciendo lo propio, hasta que uno de ellos, pequeño como de unos 4 o 5 años, después de una hora de correr y competir para ver quién conseguía más dulces y asustaba más personas; enfadado se quita la máscara y dice, ya me quiero ir a casa.
Esa escena me encantó tanto, porque se me vino a la mente, cuánta gente se pasa la vida, con la máscara de sus roles puesta; tratando de conseguir favores de los demás. Tratando de quedar bien o competir para ser aceptado y reconocido. De verdad cuánta necesidad de reconocimiento tenemos que, permitimos que esa necedad haga añicos nuestra paz y nuestra verdadera realización personal.
Es grandioso volver a casa y estar ahí contigo mismo.
Ramon Chávez Lara
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Twitter: @RamonChavezL
